COMUNIDAD AUTONOMA DE LA REGIÓN DE MURCIA 2024
Con el fin de prevenir los efectos que las altas temperaturas pueden tener sobre la salud de las personas vulnerables atendidas en residencias y centros de día de personas mayores y personas con discapacidad, es conveniente establecer medidas preventivas con el objetivo de intensificar la vigilancia de la salud y reducir al máximo los efectos asociados ante la presencia de olas de calor.
La asociación entre altas temperaturas e incrementos en la morbimortalidad es muy robusta, numerosos estudios epidemiológicos muestran un aumento significativo de la mortalidad por encima de un determinado umbral térmico, y se ha demostrado que las temperaturas extremadamente altas inciden directamente sobre la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
Desde un enfoque sanitario, la exposición a temperaturas excesivas afecta especialmente a la población infantil, a las personas mayores y a las personas con patologías crónicas de base. Desde un punto de vista social, la dependencia y la discapacidad, añaden factores de riesgo que aumentan la vulnerabilidad de las personas usuarias de residencias y centros de día del IMAS.
Por ello, desde el año 2004 el Ministerio de Sanidad pone en marcha el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos de los Excesos de Temperaturas Sobre la Salud siendo su principal objetivo la prevención de daños a la salud provocados por el exceso de temperatura.
Con carácter general, el Plan se activa desde el 16 de mayo hasta el 30 de septiembre de cada año, aunque se introduce un criterio de flexibilidad que permite su activación fuera de este período, mediante el seguimiento durante los quince últimos días del mes anterior (1 al 15 mayo) y 15 días posteriores (1 al 15 octubre).
En la Región de Murcia se han definido 5 zonas de meteosalud, que corresponden a áreas de territorio homogéneas desde un punto de vista climatológico en cuanto al comportamiento de las temperaturas diarias. Cada zona de Meteosalud tiene su propia temperatura umbral de impacto en la salud por altas temperaturas. En la siguiente imagen se recogen las 5 zonas de meteosalud y sus correspondientes temperaturas umbrales:

El Ministerio de Sanidad, utilizando un algoritmo de decisión, asigna niveles de riesgo para la salud, en función de los cuales se establecen una serie de actuaciones a desarrollar por las administraciones implicadas:
“NIVEL 0” o de ausencia de riesgo, y se representa con el color verde. “NIVEL 1” o de bajo riesgo, y se representa con el color amarillo.
“NIVEL 2” o de riesgo medio, y se representa con el color naranja. “NIVEL 3” o de alto riesgo, y se representa con el color rojo.

Información de nivel de riesgo
La Dirección General de Salud Pública y Adicciones de la Consejería de Salud informa cuando se alcanzan los niveles de bajo, medio y alto riesgo en alguna de las 5 zonas de Meteosalud, junto con las medidas asociadas a cada uno de estos niveles de riesgo para la salud por altas temperaturas.
Toda la información relativa al Plan Nacional estará disponible a partir del 16 de mayo en la página web del Ministerio de Sanidad (Ministerio de Sanidad – Áreas – Plan Nacional de Actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperaturas sobre la salud. Año 2024), y en el Portal Sanitario de la Región de Murcia, “Murciasalud”, (https://www.murciasalud.es/web/sanidad-ambiental/temperaturas-extremas-por-calor).
El Ministerio de Sanidad también pone a disposición de aquellos ciudadanos que lo deseen un “Servicio de suscripción de temperaturas y niveles de riesgo por zonas de Meteosalud”, a través del cual podrán recibir un correo electrónico y/o SMS con la información diaria sobre las temperaturas y el nivel de riesgo para la salud de aquellas provincias que les sean de interés (Ministerio de Sanidad – Áreas – Exceso de Temperaturas 2024).
EFECTOS SOBRE LA SALUD
El calor excesivo puede alterar nuestras funciones vitales cuando el organismo es incapaz de compensar las variaciones de temperatura corporal:
Produce pérdida de agua y electrolitos que son necesarios para el normal funcionamiento de los distintos órganos.
En algunas personas con determinadas enfermedades crónicas, sometidas a ciertos tratamientos médicos y con discapacidades que limitan su autonomía, los mecanismos de termorregulación pueden verse descompensados.
Puede provocar problemas de salud como calambres, deshidratación, agotamiento por calor y golpe de calor.
Las personas mayores y los menores son más sensibles a estos cambios de temperatura:
Las personas mayores tienen reducida la sensación de calor y por lo tanto la capacidad de protegerse, existiendo un paralelismo entre la disminución de la percepción de sed y la percepción del calor, especialmente cuando sufren enfermedades neurodegenerativas. A ello se suma la dificultad en la producción del sudor que padecen los ancianos, a consecuencia de alteraciones de la piel y las glándulas que lo producen, hecho que también puede agravarse en la diabetes y las enfermedades neurodegenerativas.
Los menores que tienen problemas crónicos de salud o los que toman determinados medicamentos, pueden ser, como los adultos, más susceptibles a enfermedades relacionadas con el calor. Pero además en la infancia se dan características fisiológicas específicas, en su mayoría relacionadas con la composición del agua corporal, el patrón de sudor y la producción de calor, que ponen a los niños en riesgo a la hora de regular su temperatura con respecto a los adultos, sobre todo cuando hacen ejercicio o están muy activos físicamente. Por otro lado, los menores, en ocasiones, no toman las medidas necesarias para prevenir o reponer la pérdida de líquidos, por lo que deben ser supervisados por un adulto. Aquellos menores con sobrepeso o que visten con demasiada ropa, sobre todo si no transpira, también son más susceptibles.
El reconocimiento de estas condiciones es muy importante sobre todo en personas mayores, ya que, con frecuencia, tienen otras enfermedades que podrían explicar los síntomas y enmascararlos:
Los aumentos de temperatura a consecuencia del calor pueden ser atribuidos a cuadros infecciosos.
La alteración del estado mental, bien por patologías de base (demencia) como por la frecuencia con que desarrollan síndromes confusionales agudos en el contexto de cualquier proceso agudo, también puede enmascarar los efectos del calor.
Las respuestas hiperdinámicas (pulso acelerado o taquicardia, respiración rápida o taquipnea) son menos comunes, por lo que pueden pasar desapercibidas.
Estas circunstancias exigen que haya un reconocimiento ágil de los síntomas, ya que el pronóstico está directamente relacionado con la rapidez de actuación. Se debe pensar siempre en la posibilidad de un golpe de calor coincidiendo con los períodos de temperaturas más elevadas, independientemente de que los síntomas se puedan explicar por otros procesos.
Formas clínicas producidas por el calor excesivo:
Se reconocen tres formas clínicas principales que, por orden creciente de gravedad son las siguientes: los calambres por calor, el agotamiento por calor y el golpe de calor. También es importante vigilar cualquier síntoma que indique la existencia de deshidratación.
Golpe de calor:
En la mayoría de los casos el comienzo del golpe de calor es súbito. Algunas personas, sin embargo, refieren síntomas inespecíficos, como debilidad, mareos, cefalea, calambres musculares que, en general, aparecen minutos, horas o, más raramente, días antes de la disminución del estado de conciencia.
Los signos y síntomas definitorios del golpe de calor son:
Temperatura mayor de 40ºC.
Piel caliente, enrojecida y seca, con ausencia de sudoración.
Dolor de cabeza, náuseas, somnolencia y sed intensa.
Confusión o alteración de la conducta, convulsiones y pérdida de conciencia.
Ante la sospecha de un golpe de calor se recomienda avisar al servicio de urgencias pertinente (112). Como ya se ha indicado, se trata de una situación grave y que puede ocasionar la muerte de la persona o secuelas importantes
Deshidratación:
Es importante una detección precoz de la deshidratación detectando signos y síntomas como boca, lengua y labios secos, piel poco elástica y seca, tener más sed de lo normal, orinar con poca frecuencia o coloración oscura de la orina, cansancio excesivo y/o dolor de cabeza. En personas mayores es importante prestar atención al pulso acelerado, la respiración rápida o las alteraciones de la conducta.
Los factores más frecuentemente asociados a la deshidratación son la edad, el sexo femenino, tener infecciones de repetición, la demencia y estar en situación de final de vida. Esto hace que los residentes sean especialmente vulnerables a la deshidratación, un problema grave y responsable de muchas hospitalizaciones y que está relacionado con un aumento de la mortalidad. Del mismo modo, es importante reforzar la hidratación en situaciones como la diarrea, estados febriles o en el empleo de diuréticos.
Ante la aparición de signos de deshidratación, el personal intensificará la ingesta de líquidos y realizará una vigilancia estrecha del usuario realizando los registros pertinentes (toma de constantes, diuresis, etc.) e ingesta hídrica. Ante signos o síntomas de gravedad se contactará con el personal médico.
Calambres por calor:
Son espasmos dolorosos en la musculatura voluntaria que habitualmente se presentan tras ejercicios físicos intensos, en personas jóvenes aclimatadas y entrenadas.
Por lo común duran minutos y no revisten gravedad. No obstante, a veces son los síntomas precoces de un cuadro por calor más grave. En estos casos, debe realizarse una valoración más estrecha del usuario, colocando a la persona en un lugar fresco y ventilado del centro y proporcionar una adecuada ingesta de líquidos.
Agotamiento o colapso por calor:
Es el síndrome por calor más común. Se presenta tanto en individuos físicamente activos como en sedentarios, siendo especialmente frecuente en personas mayores.
El cuadro se desarrolla de modo súbito con sintomatología inespecífica: debilidad, ansiedad, cansancio, dolor de cabeza, mareo, sed, náuseas, vómitos, diarrea y calambres musculares. Estos síntomas pueden prolongarse durante varios días y verse acompañados de alteraciones de la conducta (delirium). La temperatura suele ser normal, aunque puede estar elevada, pero nunca llega a 40º C. En este contexto resulta muy importante valorar signos de deshidratación, aunque se mantenga una buena sudoración.
Actuación por parte de los profesionales:
Suspender todas las actividades y facilitar al usuario que descanse.
Buscar un lugar fresco y ventilado.
Administrar agua fresca o bebidas isotónicas.
Es importante vigilar si los signos y síntomas empeoran, si no mejoran a pesar de las medidas adoptadas o aparecen síntomas de gravedad como alteración del nivel de consciencia, alteraciones de la conducta o incapacidad para ingerir líquidos. En estos casos conviene avisar al personal médico o del servicio de urgencias pertinente (112).
Sin estas actuaciones, el agotamiento por calor puede causar un golpe de calor, un trastorno que pone en riesgo la vida y que ocurre cuando la temperatura corporal central alcanza 40 °C o más.